Las 3 Gemas, Segunda Parte

Luego de la primer parte, en la que a los buenos les dieron para que tengan, se viene la segunda, en la que los buenos insisten (y seguro van a recibir como para que archiven)

21 abril, 2005

La daga (¿qué daga?)


FLASHBACK

Artemius, Thartnor y Pyro; recorrian los verdes y tranquilos campos y atravesaban los frondosos y grandes bosques hacia el negro y misterioso Monasterio (2 adejtivos por cada sustantivo… todo un literato). El Paladín cabalgaba siempre unos metros adelante, reconociendo el camino y vigilando que no haya peligros en las cercanías, cuando unos ruidos resonaron detrás de unos arbustos. Un leopardo saltó por encima de las plantas y se puso en guardia delante de Artemius. Éste se quedó quieto mientras sus compañeros se acercaban. Era raro ver un leopardo por estas zonas. El leopardo parecía defender su territorio, pero se tranquilizo al oír la voz de su amo que decia “Tanquilo, Grinch”(si, el nombre es una cagada, pero bue… se lo puso el dueño).
De entre los árboles salió Maktub, un elfo lunar, que después de un largo viaje solo era la primera vez que se encontraba con otras personas. El leopardo, tras un último y rudísimo “miau” se ubico detrás del elfo y las oportunas presentaciones se produjeron. Maktub era un druida que viajaba hacia el Bosque de la Luna en donde supuestamente había una comunidad “druidriradaruidirca” (conocida como druídica por todos salvo por el druida), o por lo menos eso se decía, ya que nadie lo había comprobado.
Maktub se sentía muy angustiado por lo hechos ocurridos en su comunidad, ubicada mas al noreste de las montañas Argénteas. Sus amigos habían muerto por consecuencia de una extraña enfermedad y el bosque no estaba en mejores condiciones. Algo extraño estaba pasando y que averiguar que era. No era el único. Pyro, que hasta entonces había decidido no decir nada de su misión, comentó que venía de la Legión de Umranshalee y cuál era su objetivo (nada más y nada menos que investigar qué joraca estaba pasando…). Artemius vió que era el momento indicado para contar lo último que había vivido y reconoció en sus compañeros una voluntad y fuerza que podía servir y ayudarle en lo que a su misión respecta.
Thartnor al oír el nombre de Cyric, no dudó en prestar su fuerza divina y su hacha. Todavía recordaba la matanza que había visto en las montañas, a todos los de su raza descuartizados y mutilados por el piso, recordaba patinarse con las podridas y gomosas entrañas que inundaban su hogar; y gritaba el nombre de Clangeddin y maldecía al mismo tiempo.
Maktub tampoco dudó y puso a disposición del grupo sus conocimientos y las fuerzas de la naturaleza, que tenia el poder de controlar.
Pyro vio esto muy interesante para los asuntos de la Legión y no podía quedar afuera, sus poderes Arcanos y el fuego Mágico, lucharían contra el recientemente revivido, o por lo menos eso creían, Xorcian.
Y así fue, como el grupo bajo el nombre de …¿?..., juro lealtad hacia la causa (¿la juró?) y dieron sus palabras (¿las dieron?) que a pesar de lo que el destino les tenga preparado, ellos continuarían luchando por el bien de este mundo (o eso intentarían)
Por fin Artemius veía un poco de luz en su oscuro camino (o por lo menos ya no caminaba solo en la oscuridad), esto lo tranquilizó y le dio esperanzas (lástima por él, no sabía lo que le iba a pasar), aunque no lo demostraba. No todo estaba completamente perdido ya, ahora solamente estaba CASI perdido. La misión pendía de un fino hilo, solo un simple desvío (como puede ser enfrentarse a un Slaad de la muerte) haría fracasar sus intenciones, pero mientras sigan siendo fieles a la causa…hay esperanzas.

BASTA DE FLASHBACK. DE VUELTA AL MONASTERIO.

Después de revisar la habitación con los acertijos, pensaron que antes de continuar con la búsqueda de la última ofrenda, seria bueno descansar; y decidieron hacerlo en la habitación de los sarcófagos. Esto no parecía ser muy alentador, el frío y derruido monasterio no generaba un sentimiento de seguridad. Por eso decidieron hacer guardias, el primero fue el reciente incorporado elfo, este se ofreció valientemente ya que los de su raza necesitan menos descanso que lo normal. (Qué buena fruta narrativa…)
La noche era tranquila, entre las ruinas del templo se escuchaba algún que otro silbido del viento cuando pasaba por una ranura, pero esto no asustaba al druida. Lo que si le llamó la atención fue el sonido de unos pasos resonando en el pasillo. El elfo tomó la antorcha y se asomó al oscuro corredor, su aguda vista le permitía ver a pesar de la poca luz. La imagen de un humano en ropas viejas y rotas se presento ante sus ojos, mientras le gritaba “Hey!, por acá, vení, ayudame”. Al druida no le gusto mucho la situación, a su compañero animal tampoco. Despertó a sus amigos y les comento lo que había ocurrido. El enano, molesto porque lo despertaron del sueño, dijo que el elfo estaba alucinando, que no lo molesten mientras dormía. Los demás se preocuparon un poco más por la situación y decidieron ir a investigar. Y a la fuerza el enano tuvo que ir.
Comenzaron a transitar las rotas baldosas del templo, Artemius y Thartnor iban adelante, más atrás se quedaron el mago y el druida. Al llegar a la encrucijada, el enano no tuvo más remedio que comenzar a gritar; un terrible golpe de un enorme ogro cayó sobre él agarrándolo desprevenido. El daño recibido fue bastante importante para el enano. Pero ese ogro no era el único, había otro y mas atrás se encontraba el extraño humano.
Como de costumbre empezaron las piñas. Conjuros, espadas, hachas, ogros y leopardos estaban todos enredados en el angosto pasillo. La cosa se complico cuando el enano, que todavía estaba medio dormido o atontado por el bestial golpe recibido, dejo volar su hacha hacia atrás en un tosco movimiento que casi le parte la cabeza a Pyro, que estaba parado más atrás. Los ogros entraron en furia y el combate se hizo mas complicado. El extraño humano también tenía poderes más allá de su simple apariencia, y un poderoso cono de frió salio de su mano. Siguió el quilombo y parecía que el combate se daba vuelta. El leopardo se mandó al estilo kamikaze y comió por todos lados (por suerte no murió).
El humano termino escapando en forma de nube y los ogros cayeron desangrados tras los golpes recibidos.
Ahora si, era la hora de dormir (después de todo, la ley de los encuentros aleatorios dice que hay un solo combate sorpresa cada vez que se intenta dormir o en un viaje), volvieron al mismo lugar, pero esta vez el enano se quedo haciendo guardia (¿será porque ya no confiaba en el elfo?).
Todo transcurría tranquilo, hasta que unos pasos se escucharon dentro de la habitación (el master se había cagado en la ley de los encuentros aleatorios… quizá para enseñarnos a no especular con boludeces salidas de un comic). Thartnor preparó su hacha pero no veía nada, ¿sus sentidos le estaban engañando?, ¿todavía seguía medio atontado por el poderoso golpe? No, lo comprobó segundos más tarde cuando el druida pegó semejante grito que despertó hasta a los muertos. Un inmenso ogro de piel azulada con unos trapos colgados como túnica y un espadón apareció de golpe, clavándole la espada al elfo dormilón (usualmente a los elfos les gusta que los claven, pero se ve que el ogro le dio muy fuerte… o su “arma” era muy grande).
Todos pegaron un salto y prepararon sus armas. No fue mucho más, rodearon al ogro, le dieron masa y lo liquidaron cuando el muy boludo quiso castear un hechizo (Fiesta de ataques de oportunidad :P).
Por fin la hora de sueño tranquilo había llegado (o el master hubiese comido más golpes que el ogro). Ya recuperados continuaron la búsqueda, revisaron las habitaciones que quedaban y entre otras cosas encontraron una vela.
Ahora todo encajaba. Lo único que faltaba era realizar las ofrendas en el orden correcto en la correcta habitación, la que tenía 3 altares en diferentes lugares.
Por medio de un fino y riesgoso proceso (conocido como “prueba y error”), comenzaron la ofrenda. Por supuesto que se equivocaron, y esto trajo graves consecuencias, el leopardo murió en una nube de vaya a saber uno qué (muchos suponen que fue una trampa de pedo de ogro, aunque el mago pudo identificar el hechizo “nube aniquiladora”). Los demás tosían y se revolcaban por el piso mientras la nube los carcomía por dentro (mientras gritaban "¡Comé fruta, ogro hijo de p...!"). Se arrastraron hasta fuera del radio y esperaron a que la nube se esparciera.
El druida no estaba contento con la situación, para nada, y juró sobre el cadáver de su mascota tener más cuidado la próxima vez (o algo por el estilo). Después de eso, dejaron el cadáver tirado ahí y la solución ya estaba ante sus ojos, se habían equivocado una vez, pero dos…era imposible (aunque con este perspicaz grupo nunca se sabe). Y así fue, esta vez presentaron la ofrenda correctamente y el piso y las paredes comenzaron a temblar.
Fueron a la habitación del “buda”. La pileta de agua podrida se encontraba vacía y en el centro una escalera bajaba. Continuaron por la escalera esperando encontrar lo peor, pero en vez de eso vieron un altar con un enorme tesoro encima, las gemas y joyas parecían fluir como el agua en una catarata. No les llevó mucho tiempo darse cuenta que era una simple ilusión.
En ese momento se percataron de un gran agujero en la parte superior de la pared del fondo, y no una, tampoco dos, sino TRES cabezas se asomaron por el mismo, una de cabra, otra de león y la peor de todas, la de un terrible dragón azul; estaban en presencia de la poderosa y hambrienta Quimera. El dragón eructó (emulando a nuestro master) un terrible rayo que golpeó al elfo, que viene recibiendo de lo lindo. Por suerte el termotanque marca Thartnor pudo esquivar asombrosamente el rayo (las cosas que hace un 20 en una salvación de reflejos…).
Y comenzó el quilombo, la debacle total, una serie de hechos bochornosos en las que se encontraba a Artemius, Pyro, Mabduk, Thartnor, la Quimera, el Master y los dados… (esos hijos de puta…) A todo esto la quimera fue masacrada por el grupo. Encontraron el verdadero tesoro y la tan buscada Daga… el mago detectó magia en ella… todos se preguntaron “¿a quién le sirve una daga?”. El mago se la guardó… el master preguntó inocentemente “Che, ¿a que habían venido ustedes acá?”. Nadie recordaba con certeza… Una conversación más que interesante tuvo lugar entre los jugadores…
-“a buscar una daga…”
-“¿Daga? ¿Que Daga?”
-“AHHH!!! Esta daga!!!”
-“Buenaa!! Tenemos la daga!!!”

Patético…

06 abril, 2005

Ruinas y más Ruinas

Artemius descansaba después del largo viaje. Los últimos días habían sido bastante extraños para él. Y aunque a lo mejor no comprendía bien por qué seguía todavía con vida, tampoco le importaba. Sabia lo que tenía que hacer.
Esa noche se apartó del camino y se alejó, pensando que sería más seguro. Después de buscar un buen lugar para descansar, preparó algo de comer, estacionó a su montura y dejó a su compañero a un costado. Cuando ya tenía todo preparado, escuchó unos ruidos que venían de entre los árboles. Estaba bastante oscuro, no podía ver nada más allá del pequeño claro. Sacó su espada y se preparó para lo peor... (música de suspenso)
De golpe, salió de atrás de un árbol, un poco agitado, con el aliento cortado y mirando hacia atrás: Pyrnon Heatwalker. Este extraño ser parecía humano en casi todo aspecto. Tenía la piel clara, que hacía un fuerte contraste con sus ojos negros, pero en su cabeza llevaba una gran llama flameante por pelo. La túnica, haciendo juego, estaba un poco desprolija por la corrida del mago. Este estaba siendo perseguido por unos humanos, pero parecía que hacía un tiempo ya los había perdido. Se dio vuelta una vez más para ver si veía a alguien y al comprobar que sus perseguidores ya no estaban ahí, se volvió para presentarse. El paladín estaba bastante extrañado por la situación, los últimos meses que habían pasado tampoco ayudaban; estaba medio persecuta el seguidor de Tyr. El mago parecía haber salido de una para meterse en otra y a pesar de que sabía que su aspecto no era de lo más común, sacó a relucir sus más altas habilidades diplomáticas. El paladín escuchó atentamente lo que éste tenia que decir. El mago estaba viajando hacia Mithril Hall. Sus compañeros nunca habían aparecido y no podía seguir perdiendo tiempo esperándolos. Así que se encaminó solo. Artemius decidió bajar sus armas y lo invitó a pasar la noche (hagan todos los chistes que quieran, para eso pueden postear comentarios). Pyro, como le dicen sus amigos, no se sentía muy seguro todavía y pensó que sería bueno quedarse despierto. Estaba fumando su pipa y leyendo su libro (cualquier cosa menos montar guardia), cuando de golpe escuchó unos ruidos provenientes de la espesura del bosque. En verdad no sabía si era el viento que mecía las ramas de los árboles, pero para qué tomar riesgos, pensó. Se levantó de un salto y lo único que llegó a ver fue una enorme bola de oscuridad que se dirigía hacia él. Luego, la oscuridad impenetrable. Lo próximo que pudo hacer fue pegar un grito de dolor del golpe que recibió en las costillas, gritó en vano para despertar al paladín, pero éste se encontraba en el séptimo sueño y no había forma de hacerlo despertar. Si la séptima de caballería hubiese pasado tocando una fanfarria, Artemius no se hubiera enterado ni de casualidad.
Pyro, sin pensarlo 2 veces, lanzó (¿casteó queda muy powergamer?) uno de sus conjuros y de repente ya no estaba. Al malvado clérigo de Cyric no le quedó otra que terminar con la oscuridad mágica al grito de "¡A la carga!". Pyro lo reconoció instantáneamente: era el misterioso ser de túnica violácea que lo había estado persiguiendo. Le extrañó no ver a los dos hombres en armadura negra que lo acompañaban, aunque supuso que no tardaría en encontrárselos. Efectivamente, los enormes guerreros, que esperaban a los costados, cargaron al escuchar la orden. En ese momento el paladín se levantaba (luego de los no muy gentiles sacudones que el mago invisible le había pegado... si, ya sé, se las dejé picando) y se preparaba, aunque todavía no entendía bien que ocurría. El clérigo, al verlo, pegó otro grito: “¡Es el paladín, mátenlo!”. El brusco movimiento de las pesadas y grandes armaduras negras rompió con el silencio de la noche, y ambos guerreros encararon al somnoliento paladín. Los golpes de las espadas y los martillos contra las armaduras resonaban en el bosque, espantando a los pocos animales que había.
El mago comenzó a decir sus extrañas palabras, los 2 guerreros se veían venir lo peor, pero no les importaba: tenían que matar al paladín. Uno de ellos, sin darse cuenta, paso solamente a ser un simple espectador del terrible combate. Completamente paralizado, con sus articulaciones endurecidas hasta más no poder, fue invadido por un insoportable sentimiento de impotencia. Pero eso no fue lo peor que le pudo pasar. Segundos más tarde, un terrible y furioso enano apareció de uno de los costados. Solamente con ver el símbolo de Cyric en las armaduras de esos dos humanos, sus ojos se llenaron de sangre y la bestia salió mostrando sus dientes más afilados (consideremos que el enano es un barbar… este… ¿Cómo?¿Un guerrero?... ah no… ¿¡¿¡un clérigo!?!?... ¿Dónde?... ¿El enano?... naaa, na te la puedo creer… ¿Si, posta?... naaaa, na te la puedo creer… bueno, está bien, no se enojen, es un clérigo) y sin dudarlo le cortó la cabeza de un terrible hachazo, que rodó hasta el invisible mago, al pobre infeliz que estaba paralizado. Mientras, el paladín, invocando el nombre de Tyr, termino de acribillar al otro guerrero. Levantaron la cabeza, buscando a quién más atravesar con la espada, pero cuando se dieron cuenta el clérigo de Cyric ya no estaba... (chan chan chaaannn!!!!)
El paladín, esperando ver a Pyro, se encontró con un enano que portaba el símbolo de “Clangeddin”. El mago finalizó su conjuro de invisibilidad. El enano se sobresaltó al ver al extraño acompañante de Artemius. Pyro casi recibe un hachazo gratis. Artemius intercedió y se hicieron las atentas presentaciones (donde nos enteramos que el enano se llama Thartnor Silverbeard) y todos contentos y alegres decidieron descansar en el charco de sangre, alrededor de los cuerpos del enemigo, como gente civilizada que son.
Al otro día continuaron viaje (Oh! Casualidad! Iban todos para el mismo lado!). Llegaron a un río, grande y caudaloso. El cruce se complicaba. El mago tuvo la súper idea de complicarle la vida al Master, pero no justamente por la idea sino por las consecuencias de ésta. Viendo que sólo tenía preparado un hechizo de volar, y que Artemius viajaba con un caballo, era imposible que uno de ellos cruzara volando y llevara al resto aunque sea de a uno, porque como sabrán, no se puede llevar un caballo en brazos. Entonces la genial idea vió la luz... "hago volar al caballo y que nos cruce a nosotros", dijo Pyro. Sólo Dios sabe qué diálogo interno mantuvo ocupado a Artemius por casi media hora (si, media hora discutiendo con el master si el caballo tenía que o podía aprender a volar, si tenía que hacer una prueba de "trato con animales" o no. Media hora discutiendo acerca de la inteligencia de los caballos, de las monturas especiales, de Marley y de Julieta Prandi y haciendo comparaciones. Media hora discutiendo sobre la mortalidad del cangrejo y su impacto en el ecosistema de las islas Galápagos. Media hora intentando dilucidar por qué Sibarita es tan rica... en fin, media hora que pasé charlando con mi hermano porque Rovi y Guillo no se ponían de acuerdo). Luego de superado el trance, el mago casteó, el paladín enseñó y el caballo voló. Todos felices. Ya del otro lado, continuaron caminando. Se metieron en un bosque con pastos altos hasta que llegaron a las ruinas de un antiguo y medianamente grande castillo. Se metieron como pancho por su casa, y se enfrentaron a unas arañas gigantes, una de ellas una araña de fase. Si, quilombo, espadas, conjuros, telas de arañas; momentos más tarde no quedaban más que unas cuantas manchas en las paredes. Continuaron investigando las ruinas y escucharon unos lamentos en los cuartos superiores. La escalera estaba rota así que el mago utilizó su conjuro de trepar cual arácnido (que habrían hecho sin el mago ese día...) y el paladín subió. Se encontró con un fantasma arrodillado y lamentándose. Cuando Artemius entró el fantasma comenzó a cantar una poesía que decía así:

"A la guerra me fui a escondidas de ella
Era la dama blanca con corazón de piedra
A pesar de que la amaba, la odie por su indiferencia
Ella sabía lo que mi corazón sentía
A la guerra me fui con su daga más bella

Al sur de estas tierras, la infame guerra
El negro monasterio donde los monjes acechan
A la guerra me fui donde mi destino espera
La herida fue rápida, la muerte no aguarda
En la guerra perdí la daga amada

Mi cuerpo descansa mi espíritu se atormenta
Ella furiosa la maldición arroja
Todas las noches revivo ese día
Hasta que de su boca las palabras oiga
La única forma, devolverle la daga

A la guerra me fui y ella me amaba."

Segundos después, el fantasma desapareció. Bajó Artemius y le comentó a sus compañeros esto. Ninguno entendía bien lo que significaba, la confusión reinaba, el caos se hacia presente, la ansiedad carcomía el cerebro de estos inteligentes aventureros. Por eso decidieron continuar con la investigación. Abrieron las grandes puertas de madera y la situación no mejoró. Ni siquiera un poquito. Una enorme araña de 7 metros de largo y de ancho, con sus colmillos envenenados y sus 8 ojos fijos en los aventureros, se alzaba a uno de los costados de la habitación y pretendía defender sus crías a toda costa. Nosotros puteábamos a Guillermo. Sin darles oportunidad lanzó una fina pero resistente red de tela que dejo al mago inmóvil y fuera de combate. Artemius arremetió contra la araña con toda la furia, pero a medida que se acercaba, ésta le clavaba sus colmillos y el paladín se sentía cada vez más débil. El enano, no dudó tampoco y fue a socorrer a su amigo. El combate se hizo extenso, las espadas y hachazos no llegaban traspasar completamente el grueso cuerpo de la araña. El mago seguía inmóvil con una calentura de proporciones bíblicas. En eso, Artemius, que cada vez estaba más pálido y mareado, cayó sin fuerzas: el veneno que corría por su sangre era demasiado fuerte. Finalmente el enano logró, con un increíble golpe que abrió la cabeza del bicho en dos manchándose de pies a cabeza con la negra sangre de la araña, terminar con el duro combate.
Las heridas eran varias, el veneno continuaba haciendo efecto cobre el paladín, lo mas lógico era descansar. Así fue. Mientras Artemius se quedaba tirado (no tenía muchas alternativas), los otros dos limpiaron y destruyeron los huevos de la araña madre, sacaron los cuerpos que encontraron entre las redes y los dejaron en la habitación contigua para darlse un entierro digno antes de abandonar el lugar. Pyro hizo el favor de purificar por medio del fuego la habitación y mandar las telarañas al olvido, lo cual le trajo una enorme satisfacción piromaníaca. El mago además encontró diferentes objetos: una armadura, una varita y varias monedas de oro. Al otro día, cuando ya estaban todos recuperados, siguieron la búsqueda y encontraron un extraño anillo. Nadie se animaba a agarrarlo y menos a colocárselo. Pero el mago decidido lo tomó y se lo puso, y aunque tendría que saber, por su sobrenatural inteligencia, que los objetos mágicos pueden ser peligrosos, su inherente curiosidad pudo más que la suma de sus bonificadores de inteligencia y sabiduría; tuvo suerte de que no fue mucho, sólo se sintió más pesado y con las articulaciones más duras, pero gracias a Clang (el Dios del enano es muy confianzudo y se deja llamar así), tenia un guerrero, digo un clérigo, perdón, cerca para quitar maldiciones. Quizás lo que el Master nunca supuso fue que Pyro contaba con la ayuda del termotanque divino en caso de que el anillo no fuera del todo amigable. Quizás ni siquiera Pyro tuvo eso en cuenta, pero nunca lo sabrá nadie...
Descansaron, se recuperaron y decidieron ver que era todo esto del fantasma y la daga. El mago ya había descubierto algo del castillo gracias a un escudo que vió. El castillo era de una antigua hechicera, que parecía ser muy estricta y rígida en sus decisiones. Un día unos monjes llegaron y dijeron que esas eran tierras de oración y meditación. Que tenia que irse. Obviamente, la hecatombe, la debacle total. La hechicera y los monjes se dieron sin asco. (no, así no, mentes podridas...)
Viajaron al sur en busca del monasterio, lo encontraron sin problemas. Las ruinas denotaban que el negro monasterio llevaba años sin ser ocupado por monjes, aunque no por eso podrían sospechar que no encontrarían a nadie adentro. Comenzaron a moverse por los oscuros pasillos de las ruinas, realmente estaba todo devastado, no había mucho. Pararon detrás de una puerta, ya no confiaban en nada, se prepararon y abrieron. Una gran bestia corrió hacia el paladín que estaba en la puerta, sus garras y dientes eran grandes como dagas y su aliento caliente, insoportable. El paladín lo atravesó con su espada manchando de sangre su dorada armadura. La bestia cayó inerte a un costado. Pero esto no era todo, un grito grave y ensordecedor vino de las penumbras de la habitación y un sucio Troll salio a la luz, lanzándose al ataque y buscando vengar a su mascota. Bueno, como era de esperarse, hubo pochoclo. Mientras iban entrando de a poco para no moverse mucho y no generar ataques de oportunid... digo, usando un elaborado plan estratégico, el mago gritaba desde atrás "¡A la derecha!" para acomodarlos de forma tal que la bola de fuego que estaba por arrojar no los rostizara. El Paladín, que había entrado primero, hizo lucir sus habilidades de lucha pifiándole al Troll (una enorme masa de carne regenerativa 2 veces más grande que él...) y eyectando su espada hacia la esquina. El mago se vió obligado a volverlo invisible para que el troll no se lo desayunara. A todo esto, el enano había terminado de fumarse el último hechizo, y con toda la merca encima partió al Troll por la mitad de un hachazo. Pyro no pudo lanzar su bola de fuego y se quedó con toda la leche. Después procedió a incinerar el cuerpo del Troll para terminar con su existencia, lo cual lo volvió a llenar de emoción, mientras se imaginaba como un bombero de Fahrenheit 451. En la habitación encontraron una extraña ala grande y membranosa que no pudieron reconocer del todo y un medallón dorado con un sol en el medio. Continuaron revisando los pasillos y llegaron a una habitación redonda con 3 sarcófagos y en el medio una jarra de plata con agua. Estaban seguros que si agarraban la jarra algo malo pasaría, así que decidieron abrir los sarcófagos y apurar los nefastos sucesos (obviamente, no iban a caer en la trampa, pensaron que mejor era machacar de una). Tres momias salieron con la intención de aniquilar a los intrusos. El mago quedo paralizado por el miedo, tenia todo planeado y sabía que hacer, soñaba con su bola de fuego, pero la presencia pavorosa de la momia lo dejo sin habla. El paladín saco su símbolo de Tyr, y después de decir unas rápidas palabras, éste comenzó a brillar, emitiendo una tenue luz blanca. Dos de las momias al verlo, se alejaron rápidamente, pero la otra tenia toda su furia focalizada en el mago, quien tras recibir un golpe que le desgarró la túnica y la piel, se sintió algo extraño. El humano y el enano, fueron a socorrer a su amigo, que se encontraba todavía paralizado por el miedo. Al ver a sus amigos socorrerlo, Pyro volvió en si, y con las bolas al plato, lanzó finalmente una bola de fuego, y fue feliz. Sobre todo porque el ígneo proyectil hizo estallar en mil pedazos a la momia más power. El combate no se extendió mucho más. Agarraron la jarra y probaron el agua, pero esta parecía no tener nada extraño. Artemius usó sus divinas artes curativas para intentar prevenir los efectos de la lastimadura que la putrefacta momia había infligido en Pyro. Thartnor aprovechó sus conocimentos para intentar detectar algún tipo de enfermedad. Todo parecía estar en orden. Siguieron recorriendo los pasillos y se encontraron en una habitación con una pileta de agua podrida y una estatua de un “buda” meditando con unas inscripciones que el mago pudo leer:

"Presenta las ofrendas en el orden correcto

-Aquí, en este lugar, tú me tragas. A pesar de eso, podría tragarte.
-Para aquellos de dentro de la mazmorra, yo soy una alegría. Para aquellos que están completamente debajo de mi mirada, puedo ser un infierno.
-La vida que dirijo es meras horas o menos. Sirvo todo mi tiempo siendo consumido. Soy rápido cuando delgado, soy lento cuando gordo, y el viento es la maldición del regalo que traigo. "

Las palabras resonaban en las mentes de los tres. El mago sospechó que la primer ofrenda era agua, y los otros dos concordaron. Pyro recordó la jarra plateada. Luego propuso al sol como la segunda ofrenda, a lo que Artemius recordó el medallón. Estaban seguros de que encotrarían la tercer ofrenda en el monasterio, pero no estaban seguros de qué sería. Probablemente cuando la encontraran todas las fichas caerían en su lugar...

Y se sentirían unos boludos por no haber pensado que la tercer ofrenda es obviamente una vela. Pero bueno, eso queda para el próximo encuentro :D